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Atentado en Málaga contra Isabel la Católica

La historia de Málaga no está carente de acontecimientos importantes, como el intento de asesinato de Isabel la Católica en su estancia en Málaga, durante la conquista del Reino de Granada, por parte de un misterioso personaje del que apenas nos ha llegado información y que por fortuna fue frustrado por la participación de personajes de segunda línea, en el largo asedio al que fue sometida la ciudad de Málaga en el transcurso del año 1487 y que culminó el día 13 de agosto de dicho año con la toma de esta ciudad.

El asedio y ataque, dirigido inicialmente por Fernando el Católico desde su campamento de La Victoria, duró cuatro largos meses, dado que la ciudad costera nazarí estaba fuertemente defendida por quince mil soldados musulmanes que tuvieron que hacer frente a un ejército cristiano compuesto por veinte mil jinetes, cincuenta mil peones y ocho mil soldados de apoyo, a ello se unió el contingente comandado por Diego Ramírez de Madrid, Artillero Mayor del Reino. La táctica elegida por el ejército castellano fue la de abrir una brecha en la fortaleza de Gibralfaro para penetrar desde este punto en la ciudad, aunque los nazaríes malagueños contraatacaron de noche, causándoles cuantiosas bajas.

Este contratiempo desalentó a las huestes cristianas y el rey Fernando pidió a Isabel que viniera hasta el campamento para dar ánimos a las tropas, aunque su estancia aquí casi le cuesta la vida y por este motivo Isabel establece su campamento en la Trinidad.

El atentado estuvo protagonizado por un personaje que respondía al nombre de Ibrahim el Guerbi por ser originario de la isla tunecina de Djerba. Su aspecto físico, según el historiador Manuel Lafuente, respondía al de un hombre ya bien entrado en años, «de barba cana y desaliñada, mejilla surcada por arrugas profundas y cuerpo extenuado».

Llevaba mucho tiempo viviendo en Guadix (Granada), una de las plazas fuertes del reino de Granada, que precisamente pasaría a manos cristianas dos años después de la caída de Málaga. En Guadix este personaje había alcanzado fama de santo debido a sus habilidades para predecir el futuro, de tal manera que sus advertencias y consejos eran muy tenidos en cuenta por la población.

En una de sus visiones decía haber tenido una revelación de manos del mismísimo Alá en la que le contaba como liberar a la ciudad de Málaga del asedio de los cristianos. Gracias a sus embaucadoras palabras y al entusiasmo con que trasmitía su profecía consiguió un grupo de cuatrocientos soldados para que lo acompañaran hasta Málaga.

Llegados a esta ciudad se produjo el enfrentamiento militar entre los seguidores del santón y el ejército cristiano. Mientras tanto, el Guerbi, para evitar la muerte en la refriega, se retiró a rezar solemnemente para llamar la atención de los cristianos hasta que fue detenido e interrogado por uno de los jefes del ejército de los Reyes Católicos, Diego Ponce de León. El Guerbi le contó sus habilidades para conocer el futuro y le trasmitió su deseo de ver a los reyes para comunicarles personalmente cuando se produciría la conquista de la ciudad.

Ponce de León decidió alertar a los reyes de la presencia del santón ante la posibilidad de que tuviese algún tipo de información que pudiera ser relevante. A la espera de ser atendido, el Guerbi fue conducido a una tienda de campaña próxima, donde jugaban una partida de damas don Álvaro de Portugal y la Camarera Mayor de la reina, Beatriz de Bobadilla.

El exaltado musulmán, por su desconocimiento del castellano y viendo el lujo de las vestimentas de ambos nobles, pensó estar ante la presencia de los mismísimos reyes de Castilla y, sin dudarlo, empezó a golpearlos y acuchillarlos con un alfanje que llevaba escondido entre su ropaje. Primeramente, atacó a don Álvaro, y creyéndole muerto, intentó asesinar a Beatriz. Ante los gritos de la Camarera Mayor de la reina, acudieron rápidamente Fray Juan de Belalcázar y el tesorero Rui López de Toledo, reduciendo al santón; seguidamente llegaron Martín de Seña, Luis Amar y Tristán de Ribera y sacándole fuera de la tienda, acabaron con él a cuchilladas. De esta manera se dio al traste con tan macabro plan, que de haberse perpetrado habría alterado el curso de los acontecimientos.

Beatriz de Bobadilla solo resultó herida levemente y fue compensada por la reina Isabel con unas casas en Sevilla, así como treinta esclavas de las que se tomaron en la ciudad de Málaga, pero don Álvaro a punto estuvo de perder la vida en aquel enfrentamiento. Los reyes compensaron su labor en el sitio de Málaga regalándole los Alcázares y Atarazanas de Sevilla.

El cuerpo del santón fue lanzado a la ciudad con un trabuco, siendo inmediatamente recogido y enterrado con gran veneración por sus seguidores. Estos, en venganza, mataron a un hidalgo cristiano que tenían cautivo, lo ataron a un burro y lo encaminaron hasta el campamento de los reyes.

Los monarcas, a consecuencia de este suceso y para evitar acontecimientos similares, se proveyeron de una guardia personal de doscientos caballeros de los reinos de Castilla y de Aragón, de manera que ninguna persona pudiese acceder a ellos con armas. De igual modo se estableció que ningún musulmán entrase en el real sin estar debidamente identificado y los mudéjares sospechosos fueron expulsados del campamento.

Este episodio fue profusamente recogido por los cronistas de la época, destacando Alonso de Palencia, Cronista Oficial de los Reyes Católicos; Hernando del Pulgar, consejero de la reina Isabel y sucesor de Alonso de Palencia en el cargo de Cronista Oficial; Diego de Valera, Doncel del rey Juan II de Castilla y célebre humanista y político; y Andrés Bernáldez, capellán del arzobispo de Sevilla, Diego de Deza.

Junto a las fuentes documentales se conservan dos ejemplos en el ámbito del arte que ilustran este suceso. El primero de ellos, casi contemporáneo al hecho, es un bajorrelieve de la sillería del coro bajo de la catedral de Toledo, obra renacentista de Rodrigo Duque y que forma parte de un conjunto más amplio formado por 54 escenas que narran la toma de las principales plazas del Reino de Granada. Fue realizado, a iniciativa del Cardenal Pedro González de Mendoza, entre los años 1489 y 1495.

El segundo es un lienzo titulado ‘Episodio de la Guerra de Málaga’ (1850), obra de Rafael Tegeo Díaz, pintor de cámara de Fernando VII e Isabel II, en el que se puede ver al Guerbi, en primer plano, en el momento de su detención, tras haber atacado a don Álvaro de Portugal, que yace tendido en el suelo de la tienda de campaña. Fue expuesto por primera vez en la Exposición Universal de Paris de 1855 y actualmente se puede contemplar en el Palacio Real de Madrid.

La fascinante historia de Beatriz de Bobadilla, marquesa de Moya, dama de la Reina, consejera, mano derecha, mujer de confianza y amiga desde la infancia de la Reina de Castilla, se recuerda en un callejón cercano al Museo Picasso Málaga. Sin aquel error de cálculo, los acontecimientos podrían haber sido diferentes y probablemente aquel campamento en los terrenos que hoy ocupa el santuario de La Victoria se hubiera convertido en la tumba de los monarcas.

La personalidad de esta mujer que da nombre a esta pequeña callejuela en el entorno del Museo Picasso Málaga desde el año 1887, coincidiendo con el cuarto centenario de la toma de la ciudad.

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