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Viñetas de Alés: el misterio de la inscripción latina de El Pimpi

Viñetas de Alés: el misterio de la inscripción latina de El Pimpi

Junto a la terraza de El Pimpi, en el espacio entre la calle Alcazabilla y la plaza de la Judería, se colocó en el suelo una inscripción latina de imposible localización en ningún texto clásico. Y con razón, porque no había manera de encontrarla en ningún texto clásico, medieval o renacentista.

¿Formaba parte de una antigua descripción de la Málaga de la antigüedad?, ¿acaso el poeta latino Avieno dejó esas líneas tan bonitas cuando habló de nuestra costa? Pues si lo hizo no las dejó escritas o se extraviaron.

Pero recordemos las líneas que pueden leerse en el suelo:

In saevo mare

tranquilitas

undisona freta

in aede silente

Lástima que quien trasladara estas palabras al mármol lo hiciera con una errata, porque en latín se escribe «tranquillitas», con elle y no con ele.

¿Pero qué significan? En una traducción más que libre del firmante -cuyo nivel de latín es inferior al de Julio César cuando contaba tres meses de vida- salió el siguiente apaño:

Cuando llega la calma al mar embravecido

El oleaje resuena en el templo silencioso.

Pero no iban por ahí los tiros, porque el origen de esta frase no hay que buscarlo en ningún autor clásico ni por tanto hay templo que valga. La clave nos la da su promotor intelectual, el arquitecto Iñaki Pérez de la Fuente, que realizó los trabajos de continuación del Plan de la Judería, un proyecto premiado en 1999. Iñaki nos desvela que en realidad es la traducción al latín de los versos de José Manuel del Pino Cabello, un poeta antequerano contemporáneo, cuyo hermano, Sebastián del Pino, es arquitecto. Los versos originales rezan:

En mar fuerte,

bonanza

En la estancia silenciosa,

los altos oleajes

José Manuel del Pino Cabello es en la actualidad director del departamento de español y portugués del Darmouth College de Hanover, Nueva Hampshire, en Estados Unidos, cuenta Iñaki Pérez de la Fuente, que detalla que de la traducción de su poema al latín se encargó la catedrática de Filología Latina de Sevilla Concepción Fernández Martínez.

En un primer momento, y al trabajar en el entorno del Teatro Romano, se sopesó, como una pequeña broma, el añadir que se trataba de un poema anónimo, «para crear con ello la sensación de que el poema era romano, y contaba con la misma antigüedad que la zona en que trabajamos». Aunque, por «fidelidad a la verdad», al final decidieron «preservar el misterio sin indicar la autoría», cuenta el arquitecto.

La inscripción quiere, por cierto, ser un hermoso manifiesto para responder «con templanza en momentos de tormenta», explica. Misterio resuelto.

Fuente Alfonso Vázquez la Opinión de Málaga

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