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Un malagueño da la vuelta al mundo a pie y recorre 35.000 kilómetros

Nacho Dean, partió un 21 de marzo de 2013 del kilómetro cero, en Madrid, con un petate de 25 kilos y una armónica. Dejando un trabajo bien remunerado para embarcarse en una aventura con la que pretendía documentar el cambio climático. Tras su llegada a la Puerta del Sol, ha sido el primer español en completar este viaje. Tres años, cuatro continentes, 31 países y 35.000 kilómetros a pie después.

Ignacio, licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas y técnico de Medio Ambiente, dejó un trabajo de socorrista en Madrid y un sueldo de 1.600 euros para recorrer el mundo a pie y concienciar sobre el cuidado de la naturaleza. En su cuaderno de bitácora ha ido anotando los percances, que han sido mucho, como en Italia, en el valle del Trebia, donde pinchó las ruedas del carrito del equipaje porque las cubiertas estaban muy desgastadas. Se le habían acabado los parches y le cayó una tormenta. No tenía comida ni dónde comprarla porque era domingo y estaba en mitad de la montaña. Encima se quedó sin batería en el móvil y no pudo pedir ayuda. Así que tuvo que refugiarse bajo el alero de una iglesia en un pueblo abandonado y lo más gracioso es que el pueblo se llamaba Loco.

Ignacio descubrió que hay otro cielo, el del desierto del Atacama, en Chile, porque una noche al salir de la tienda de campaña y mirar arriba, vio tantísimas estrellas que le dieron hasta miedo. Un miedo distinto al que sintió en la India, el cielo oculto por el techo del cuartel del ejército o el de una casucha en medio de la jungla, con monos saltando por los tejados y telas de araña que cuelgan de las ramas hasta el suelo. El brahmana, el sacerdote hindú, encendió una varilla de incienso y le pintó un lunar rojo en la frente para protegerle de los malos espíritus y parece que le funcionó.

En el cuaderno de viaje hay de todo como lo ocurrido en Perú. En Lima le atracaron. Estaba en los Barracones, en el peligroso barrio de Callao y cuando se quiso dar cuenta tenía cinco tíos encima. Le robaron la cámara y el móvil. Quiso volver a recuperarlos, pero la Policía le hizo desistir, ni ellos entraban allí. No acabarían ahí los sustos, porque en El Salvador se topó con miembros de las maras Salvatrucha y M18, que atracan y asesinan sin pestañear. Se encontró a dos y le dijeron que les diera lo que llevaba, les dijo que no, marcando una distancia para que no le soltaran un machetazo y se quedaron plantados, dejándole marchar. Al día siguiente caminó con escolta de la Policía hasta Zacatecoluca, una de las ciudades más peligrosas del mundo, allí está la prisión de máxima seguridad de Centroamérica. Y en la frontera entre Armenia e Irán le pararon por hacer fotos y casi no pudo pasar.

Francia, Eslovenia, Suecia y Dinamarca son los países más preparados para caminar. Y mejores países para vivir Australia y Costa Rica.

En las Chitaw, en la jungla de Nepal, por la vegetación y la humedad que hay por la tarde cae una niebla muy densa. Estaba junto al río Rapti, lleno de cocodrilos, y entre la niebla apareció una sombra. Los locales gritaron: ¡Un rinoceronte!. Y echaron a correr. Nacho se quedó quieto, disfrutando de ese momento, con el animal a veinte metros viéndole los pliegues y el movimiento de las orejillas.

En la India hay una atmósfera muy agresiva, ruido, contaminación, miseria. Puedes coger fácilmente la malaria, el dengue o la fiebre tifoidea. Al acabar el día no sabía si echarse a dormir en la jungla con monos, arañas, serpientes y murciélagos como balones de fútbol de grandes o en una habitación con chinches, garrapatas y cucarachas.

Ha tirado quince camisetas a la basura y nueve pares de zapatillas, empujando un carrito de 25 kilos con lo básico: tienda, saco, esterilla, agua, botiquín.

Él también ha sido un descubrimiento para los locales, que en algunos sitios le han recibido con honores. A Malasia entró procedente de Tailandia, a través del archipiélago Langkawi, un conjunto de 105 islas en el mar de Andaman. Un indio, Vijaydram, vino a recibirle con un collar de flores y cuidó de él mientras estuvo allí.

Ahora quiere escribir un libro y en el primer capítulo contará que fue monitor de campamentos de aventura, que trabajó en centros de recuperación donde curaban animales heridos, que tardó un año en decidirse a dar la vuelta al mundo a pie, que a sus padres no les hizo gracia la idea al principio, pero que acabaron animándole: Si hay alguien capaz de hacerlo, ese eres tú».

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