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Un guía turístico bajo mi piel

Un día cuando iba paseando por la calle Larios, una mujer interrumpió mi paso, para preguntarme por una tienda de cámaras digitales y aunque ella era extranjera lo hizo en un perfecto castellano y como explicarlo era complicado, le dije que la iba a acompañar hasta la tienda (que estaba en la calle Granada, cerca del Colegio de Economistas). A la mujer le dio bastante fatiga robar mi tiempo, pero en cambio yo lo hacía encantado y casualmente por un trabajo que tuve, conozco bien las tiendas del centro (fue una labor muy positiva, tener una visión de Málaga desde sus tiendas y comerciantes). Esto ya es la tercera vez que me pasa, porque un matrimonio italiano me pidió consejo para almorzar no muy caro y con calidad y les enseñé tres alternativas gastronómicas diferentes en el centro en un paseo y al final se quedaron en uno de los restaurantes que les indiqué.

Pero la vez más anecdótica fue cuando un matrimonio inglés me preguntó por la estación de trenes y no llevaban planos de la ciudad, no conocían la ciudad y estábamos lejos, por lo que opté por acompañarlos andando mientras les iba hablando en inglés, sobre todo para amenizar el paseo. Cuando llegamos a la estación, el hombre sacó su cartera y me quería dar me parece que 10 euros, les dije que no estaba dispuesto a ello y se fueron encantados de la ciudad, al igual que yo me quedé muy satisfecho.

La fotografía es de Miguel Delgado Domínguez

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