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Solsticio de invierno en el Dolmen de El Romeral en Antequera

A veces tendemos a considerar que las sociedades prehistóricas estaban en un escalón intelectual por debajo del nuestro; el conocimiento que hemos ido adquiriendo a lo largo de miles de años nos hace creer, en ocasiones con soberbia, que somos el culmen de lo ilustrado. Pero precisamente los ciclos astrales, no pasaron desapercibidos para ninguna sociedad en la antigüedad y menos aún, para las megalíticas, donde estos ciclos astronómicos marcaban los ritmos en todos los aspectos de la vida, desde la cosecha a los rituales de la muerte.

Con la llegada del  Solsticio de Invierno la luz del Sol penetra en el tholos de El Romeral hasta su segunda cámara. El tholos de El Romeral está datado aproximadamente en torno al año 1800 a.C. Es una cámara de planta circular y techo abovedado de unos 5 metros de ancho con una altura de casi 4 metros. Se llega a ella por un corredor de 20?5 metros de largo y 1?5 metros de ancho. Desde la cámara principal, un corto corredor lleva a una segunda cámara más pequeña. Su construcción difiere de la de los otros dos dólmenes pues las paredes están construidas con piedras mucho más pequeñas y ladrillos hechos de barro con limo, mientras que hay grandes losas para su techado.

Tras los múltiples estudios realizados podemos constatar que el único megalito del Conjunto Arqueológico Dólmenes de Antequera con una clara orientación solar es Viera, hacia los equinoccios, ajustándose a los patrones de estándares ibéricos. Menga mira notoriamente a la Peña de los Enamorados y El Romeral hacia El Torcal.

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