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Sir Douglas se quedó en Teba

Sir Douglas se quedó en Teba

La Historia tiene un sentido del humor caprichoso. El Museo Arqueológico de Álora lleva albergando desde 2007 una de las piezas más importantes de la era medieval malagueña, con una salvedad: nadie sabía exactamente de qué se trataba a quién hacía referencia. A simple vista, era fácil discernir que se trataba de una especie de estela funeraria de estética celta, similar a las que custodiaban los enterramientos de los caballeros del norte de Gran Bretaña en la era medieval. Fue encontrada durante las obras del AVE en algún punto entre Teba y Álora, sin más detalles de la zona en la que apareció. Más de diez años después de que fuese desenterrada, su procedencia ha sido desvelada, dando un giro inesperado.

Para comprender el origen de la lápida hay que desviarse hasta Archidona. Desde allí, de forma completamente ajena al hallazgo, el historiador, académico y miembro de la Real Academia de las Artes y las Ciencias de Antequera, Isidoro Otero, emprendió un viaje al pasado con el que consiguió documentar que la leyenda de ‘Braveheart’ –en referencia al rey Roberto I de Escocia–, se fraguó en la provincia de Málaga, concretamente en Teba. La comitiva encargada de llevar el corazón del monarca fallecido a Tierra Santa se desvió a Sevilla antes de llegar al Mediterráneo para hacer acopio de agua potable, donde el Rey Alfonso XI de Castilla pidió a los caballeros que le apoyaran en la conquista de Teba contra los nazaríes. Allí, al pie del Castillo de la Estrella, junto al río Guadalteba, el líder de la expedición y portador del valioso cargamento, Sir James Douglas –héroe de guerra y uno de los hombres más fieles al rey Roberto I–, falleció en 1330, víctima de una estratagema de guerra andalusí. Antes de perecer, gritó la legendaria frase: «Adelante, bravo corazón (braveheart) donde tú vayas has de vencer, Douglas te seguirá o morirá».

En el año 2015, Otero plasmó este insólito hecho en el libro ‘James Douglas, la cruzada de Braveheart’. Mientras tanto, la estela celta seguía esperando en el museo, bajo el estudio de los responsables de conservación del patrimonio.

Comenzó entonces una investigación tras la que el historiador archidonés ha podido constatar lo que parecía más evidente pero nadie era capaz de ver: la estela funeraria fue la que hicieron los soldados que acompañaban a Douglas para honrar su figura en el campo de batalla. «Ya sabíamos que cuando el caballero murió, separaron su carne de los huesos; su corazón fue transportado a la escocesa abadía de Melrose, donde descansa, pero no sabíamos dónde habían enterrado la carne», explica. Tras el análisis, Otero ha concluido que la pieza del museo es la lápida que custodiaba el enterramiento de los restos orgánicos del caballero. «Tenían la costumbre de dejar la parte que se descompone en el campo de batalla antes de partir para evitar enfermedades durante el regreso a casa», añade.

El historiador malagueño Isidoro Otero demuestra que los soldados de la comitiva esculpieron una lápida con la que rendir culto al héroe caído en la cruzada de ‘Braveheart’

Teba en la fiesta del Douglas Days, celebra su hermanamiento con el pueblo escocés de Douglas, que se hizo efectivo en el año 2006 tras una serie de visitas institucionales.

Ornamentación

Son varios los motivos que han llevado a Otero a concluir que la estela celta pertenece al héroe escocés. El primero de ellos, quizá el más sencillo pero a la vez el de más peso, es que no existe documentación de ningún otro episodio con caballeros escoceses o de procedencias similares en el sur de España –la navaja de Ockham también se aplica en la Historia: la explicación más sencilla es generalmente la más probable–. «No hay más referencias de señores extranjeros en campo de batalla español y de cronología medieval; no hay más atribuciones de ese tipo de caballeros», se reafirma el historiador. Además, no existen estelas de este corte en el resto de la península: «Lo que tenemos entre manos es algo absolutamente único».

El resto de la argumentación está basada en la simbología que adorna la lápida. Lo primero que llama la atención es lo tosco de las representaciones, que contrasta con la finura con la que se trazó el resto la ornamentación simbólica –los conocidos ‘triskels’, espirales que representan la vida eterna–. En la parte inferior derecha hay grabada una escena que ha resultado ser clave en la vinculación de la estela con Sir James Douglas. «Podemos ver un hombre arrodillado o postrado recibiendo una especie de reliquia de la mano de un señor superior; mi interpretación es que se trata de Lord Moray entregando el corazón del rey Roberto I a Sir Douglas antes de partir». En este punto caben varios matices. Parte de la bibliografía que narra el viaje del corazón del rey Roberto I describe que el órgano iba encofrado en plata, colgando del pecho del caballero. Hallazgos posteriores –el corazón fue encontrado en unas excavaciones en Escocia a finales del pasado siglo– dejaron el debate abierto sobre si iba guardado en un recipiente cónico, más fácil de transportar. En la ilustración se aprecia que lo que recibe el postrado es un torque, «que podría ser el enganche del soporte».

La forma tosca con la que está esculpida la piedra puede apuntar a que fueron los propios hombres de la expedición los que hicieron la lápida, familiarizados con las formas básicas pero no tan ágiles a la hora de crear los motivos más vinculados al difunto.

En el lateral izquierdo de la lápida se aprecia «una figura zoomorfa» difícil de distinguir. No obstante, tras el análisis, lo más probable es que se trate de una vaca, y es aquí donde está la clave del interrogante. La patrona de la casa Douglas es Santa Brígida; Santa Brígida es una interpretación cristiana de la diosa celta Brigit –deidad tripersonal del fuego–. Según la mitología, Brigit fue alimentada por una vaca, y la forma de representarla es, en muchos casos, mediante una figura bovina amamantando a sus crías.

Otra de las razones defendidas por el historiador está en la toponimia de un barrio de las afueras de Álora: Santa Brígida. «Según la documentación, la parroquia de Santa Brígida existía antes de la conquista definitiva, por lo que su nacimiento encaja con la fecha de la muerte de Douglas; pudo ser llamada así por albergar los restos del caballero».

Se trata del primer análisis profundo que se ha realizado a la estela, pero una cosa está clara:la figura de Sir James Douglas nunca abandonó Teba. Ni su espíritu, arraigado en la leyenda de ‘Braveheart’, ni su cuerpo (al menos, parte de él).

Fuente: Fernando Torres. Diario Sur

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