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El origen del campero malagueño

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El origen del campero malagueño

La identidad gastronómica malagueña va del gazpachuelo a los espetos de sardinas y pasa por un bocadillo que es algo más que la suma de sus ingredientes: el campero. Ninguna guía para turistas repara en ellos, ninguna campaña institucional los promociona, pero los camperos son hoy parte esencial de la identidad gastronómica malagueña más popular.

¿Qué tienen los camperos que gustan tanto?, ¿quién inventó los camperos?.

Los Paninis en calle Victoria se proclama inventor del más popular bocadillo malagueño. Regentado por José Antonio Gutiérrez durante 28 años y hasta su cierre.

Lo sirven negocios familiares sin más pretensión que sobrevivir y que evocan cierto sentido de pertenencia al barrio. Son identidad, auténticos de Málaga, porque hasta la fecha no hay negocios de franquicias de camperos. Valdi, Mafalda, Maruchi, Mendivil, El Huerto, Eladio, La Barraca en Torremolinos, Pacomé en Rincón de la Victoria, cada local tiene su propio compero. El campero es la alternativa local a la hamburguesa o el kebab.

¿Qué es y de qué se compone un campero? Ingredientes básicos: mayonesa, tomate, lechuga, un buen pan, tipo bollo conocido como mollete de Antequera. Casi siempre lleva jamón york y queso. A partir de ahí, tantas variantes como se quiera. No es un bocadillo más, el pan suele ir rayado por fuera por el tueste, aunque los primeros camperos eran sin rayado porque las planchas no eran de esas onduladas. Y hoy día se han impuesto las planchas rayadas.

A finales de la década de los 70 en Málaga, había una especie de fiebre por los estrenos de cine de las salas de cines abiertas: Astoria, Victoria, Andalucía, Albéniz y Zayla entre otros muchos. Y el plan perfecto en aquella época era ver la película y cenar en cualquier sitio degustando un bocadillo -ya fuera vegetal, de pollo o el famoso bikiqui-, un perrito caliente, una hamburguesa o un bocata marinero (de esos que llevaban tortilla, mahonesa y anchoas). También estaba de moda en el entorno cofrade uno de anchoas con foie gras y queso crema con anchoas.

Mientras se cenaba se solía hablar de las películas, de aquellos grandes clásicos de éxito como ‘Star Wars: Episodio IV – Una nueva esperanza’, ‘Rocky, ‘Fiebre del Sábado Noche’ o ‘King Kong»; en el número 55 de la calle Victoria de la capital abría sus puertas el 12 de octubre de 1977 Los Paninis que poco después se mudaría al local del número 57 de la misma calle donde permaneció hasta sus últimos días. En este mítico local, aseguran sus propietarios, arrancó la exitosa e imparable carrera del campero malagueño, sin duda una seña de identidad de la gastronomía malagueña. Lo inventó Miguel Berrocal Márquez, el suegro en aquel momento de José Antonio Gutiérrez que  recogió el testigo del negocio en 1985 hasta que bajó la persiana del cierre hace ya años. Fueron los precursores, los inventores del primer campero malagueño.

Ese tipo de comida rápida estaba de moda y su exsuegro decidió innovar proponiendo a la clientela un bocadillo diferente. Inicialmente quiso poner un mesón aunque su mujer lo hizo desistir en su empeño: tuvo ojo para adaptar el negocio a la demanda de los usuarios cinéfilos del momento. Estuvieron un mes comiendo bocadillos hasta dar con la fórmula del campero.

Miguel lo bautizó con el nombre de campero por el uso de ingredientes del campo. Aunque en la actualidad hay muchas versiones, el bocadillo original llevaba tomate natural, lechuga, queso, jamón, mahonesa, ketchup y mostaza.

Además de los ingredientes de calidad, el éxito del campero también se basaba en el tipo de pan usado. Medía unos 25 centímetros de diámetro y se encargaba semihecho para terminar de hacerse en las planchas tipo grill que se usaban en Los Paninis. Casi toda la trayectoria del local el pan lo suministró la panadería El Molinillo, ubicada en Duque de Rivas.

En los años 80 el éxtio de los camperos fue tal, que los clientes empezaron a pedirlo en otros locales que, poco a poco, comenzaron a incluirlo en sus cartas y a añadirles otros ingredientes. Al principio a los propietarios de Los Paninis les molestaba mucho verlo en otros locales. Pero nunca registraron la autoría del campero y con el tiempo lo asumieron.

Los Paninis comenzaron a abrir el abanico de camperos con más ingredientes, porque el público lo demandaba con otros ingredientes. ¿El secreto del éxito?. Su precio asequible y su sabor, ya que, además de usar una buena materia prima, también dieron con un buen bocadillo.

El campero fue apareciendo también en los locales de comida rápida de toda la capital y en otros rincones de la provincia. Fueron los inicios y duró el año 2000, aproximadamente. Con la llegada de los McDonald’s, las pizzerías y el cierre progresivo de los cines, la fiebre del campero empezó a diluirse aunque nunca llegó a desaparecer. Ni mucho menos. El tipo de ocio empezó a cambiar y también llegaron los kebabs y otros negocios de comida rápida, pero sigue teniendo tirón.

En la recta final de la historia de Los Paninis varios factores precipitaron su cierre. En primer lugar, el fin de la renta antigua que complicaba su continuidad en el mismo local. También la situación personal y de salud que atravesó José Antonio que, con una discapacidad, ya no podía hacerse cargo del negocio. Sus hijos estuvieron al frente finales de 2013. Y hasta la fecha el negocio sigue cerrado y con el antiguo letrero de los Paninis.

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