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Málaga en El Quijote

El Perchel nació de la industria del secado del pescado, para que la población no sufriera los malos olores que desprendía y se destinaron los terrenos junto al río para usar perchas o palos en donde poner el pescado a secar y de aquí recibió el barrio el nombre de ?Los Percheles?. Fue el primer asentamiento relativamente urbano e industrial periférico de la Málaga hispanoárabe. Estuvo separado de la ciudad hasta la demolición de sus muros. Los percheleros eran gente díscola, libertarias, del vivir al día e industriosas cuando les apretaba la necesidad, eran la lógica consecuencia de una sociedad y de unos sistemas sociales que parecían detenerse con una cierta intencionalidad.

El Perchel aparece mencionado en la obra de Miguel de Cervantes Don Quijote en el Capítulo Tercero, titulado La Vela de las Armas. Donde Don Quijote ya ha emprendido su aventura y va por los campos de Montiel, comarca de La Mancha entre Ciudad Real y Albacete, y al anochecer, cansado y con hambre, se hospeda en una venta. Don Quijote confunde la venta con un castillo y cree que ventero es el amo del lugar. Después de comer, Don Quijote le pide al señor del castillo que le ordene caballero.

Aquí podemos apreciar un breve fragmento del capítulo tercero, donde se cuenta la graciosa manera que tuvo Don Quijote en armarse caballero:

?No esperaba yo menos de la gran magnificencia vuestra, señor mío, respondió Don Quijote; y así os digo que el don que os he pedido, y de vuestra liberalidad me ha sido otorgado, es que mañana, en aquel día, me habéis de armar caballero, y esta noche en la capilla de este vuestro castillo velaré las armas; y mañana, como tengo dicho, se cumplirá lo que tanto deseo, para poder, como se debe, ir por todas las cuatro partes del mundo buscando las aventuras en pro de los menesterosos, como está a cargo de la caballería y de los caballeros andantes, como yo soy, cuyo deseo a semejantes fazañas es inclinado.

El ventero, que como está dicho, era un poco socarrón, y ya tenía algunos barruntos de la falta de juicio de su huésped, acabó de creerlo cuando acabó de oír semejantes razones, y por tener que reír aquella noche, determinó seguirle el humor; así le dijo que andaba muy acertado en lo que deseaba y pedía, y que tal prosupuesto era propio y natural de los caballeros tan principales como él parecía, y como su gallarda presencia mostraba, y que él ansimesmo, en los años de su mocedad se había dado a aquel honroso ejercicio, andando por diversas partes del mundo buscando sus aventuras, sin que hubiese dejado los Percheles de Málaga, Islas de Riarán, Compás de Sevilla, Azoguejo de Segovia, la Olivera de Valencia, Rondilla de Granada, Playa de Sanlúcar, Potro de Córdoba, y las Ventillas de Toledo, y otras diversas partes, donde había ejercitado la ligereza de sus pies y sutileza de sus manos, haciendo muchos tuertos, recuestando muchas viudas, deshaciendo algunas doncellas, y engañando a muchos pupilos, y finalmente, dándose a conocer por cuantas audiencias y tribunales hay casi en toda España;?

Cervantes viajó en lo que fue el Reino nazarí de Granada (Granada, Málaga y Almería hasta 1492),  donde conoció la fama de los vinos dulces de la comarca de la Axarquía. En el capítulo VIII, de la I parte, el narrador dice:

«Con esta licencia se acomodó Sancho lo mejor que pudo sobre su jumento, y sacando de las alforjas… y de cuando en cuando empinaba la nota con tanto gusto, que le pudiera envidiar el más regalo bodeguero de Málaga».

La Axarquía de finales del S. XVI, en tiempos de Cervantes, estaba dividida en dos tahas o distritos: al Este Bentomiz con centro en el castillo del mismo nombre sobre un cerro en la localidad de Arenas y que antes fue poblado ibérico y fenicio. Y la parte Oeste que es la propia de la Axarquía reconquista por los Reyes Católicos. Ambas pertenecían al obispado de Vélez-Málaga.  Muchos años estuvo despoblada por la salida de moriscos hacia Berbería, y el miedo de los repobladores que venían, generalmente desde Córdoba, a las incursiones berberiscas, de  ahí la necesidad de fortificar la costa con torres y castillos en tiempos de Felipe II.     

Vélez-Málaga, bajo la protección de Sierra Tejea o Tejada, capital de la Axarquía tiene el honor de ser nombrada tres veces en el Quijote, y  la nombra al final del capítulo XLI de la I Parte, titulado: ?Donde todavía prosigue el cautivo su suceso?

La primera cita:

?-¡Gracias sean dadas a Dios, señores, que a tan buena parte nos ha conducido! Porque, si yo no me engaño la tierra que pisamos es la de Vélez Málaga…? [Que está como logotipo de la ciudad en todos los catálogos y citas de este  Ayuntamiento].

La segunda cita:     

?…y cada uno nos convidaba con el suyo para llevarnos a la ciudad de Vélez Málaga, que legua y media de allí estaba?.

La tercera cita:

?Seis días estuvimos en Vélez, al cabo de los caudales, el renegado, hecha su información de cuanto le convenía, se fue a la ciudad de Granada…?

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