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Málaga con el recuerdo de José Rizal

En 2016 la comunidad Filipina regaló a Málaga un monumento de su héroe nacional, José Rizal, situada en los jardines del Instituto de Estudios Portuarios. El autor de la obra es el escultor malagueño Juan Vega.

José Protasio Rizal Mercado y Alonso Realonda nació en Calambá el 19 de junio de 1861 y murió fusilado en Manila el 30 de diciembre de 1896. Fue el séptimo de los once hijos de Francisco Rizal-Mercado y Teodora Alonso, prósperos campesinos de la ciudad de Calambá, en la provincia de Laguna. José Rizal era mestizo, y en él se cruzan los linajes malayo, chino y español. Conocido como «Pepe» en sus círculos familiares, Rizal comenzó a ser instruido por su madre. Tras recibir en 1877 su título de Bachiller en Artes por la Universidad Ateneo de Manila, fue en la Universidad de Santo Tomás, gestionada por la orden dominica, donde inició su carrera en Filosofía y Letras. Cuando supo que su madre se estaba quedando ciega, estudió oftalmología. Deja Filipinas para estudiar en Europa, con una fuerte oposición paterna. Su primer destino fue Madrid, donde convalidó asignaturas, tanto de Medicina como de Filosofía y Letras, llegando a graduarse cum laude. Luego trabajaría durante unos meses como asistente de oftalmólogo en una clínica de París y, posteriormente, en Heidelberg (Alemania) donde trabajó como oftalmólogo. Rizal también era masón, uniéndose a la Logia Acacia nº9 en España y donde se convirtió en maestro masón en 1884.

Rizal, en su ideario político, defendió que Filipinas fuese una provincia de España en vez de una colonia y, por tanto, tuviese representantes en las Cortes Generales españolas. Sus ideas le valieron ser desterrado a Dapitan, en la isla de Mindanao. Rizal fundó una escuela y un hospital en el lugar de su exilio. Mientras tanto, en 1896, el Katipunan, una sociedad clandestina abiertamente independentista, puso en marcha una revolución nacionalista inspirada en ciertas frases patrióticas sacadas de las novelas de Rizal. Entre sus obras destacan Noli me tangere y El filibusterismo.

El joven médico, que para redimirse de su exilio había obtenido del Gobierno español una plaza de médico de campaña en Cuba, fue arrestado a bordo de la nave que le llevaba a España. De vuelta en Filipinas, a Rizal se le acusó de querer unirse con los independentistas cubanos y de haber instigado esa revuelta. Acusado de asociación ilícita con otros revolucionarios, tras ser declarado convicto por sedición, fue condenado a ser fusilado. La ejecución se llevó a cabo el 30 de diciembre de 1896. Un día antes del fusilamiento se casó con Josephine Braecken. Antes de morir, Rizal pidió que no le vendaran los ojos y que le permitieran ser fusilado de frente. La primera solicitud se la concedieron, pero le negaron la segunda por ser considerado un traidor. No obstante, antes de que le dispararan se dio la vuelta para demostrar su integridad.

España tomó una decisión injusta y además poco inteligente al convertir a Rizal en mártir para la causa de la revolución en esas islas orientales. Y fue poco inteligente porque lo que durante toda su corta vida defendió José Rizal no fue la independencia de Filipinas de España, sino dejar de ser una colonia para convertirse en una provincia más con la misma autonomía que gozaban algunas otras en ultramar.

El busto a Rizal es un reconocimiento necesario porque, a pesar de que era un firme defensor de la autonomía filipina, él nunca dejó de reconocer la aportación cultural y de todo tipo de España a su país, y nunca abogó por la independencia absoluta. No lo vieron así ni los gobernadores españoles de la época ni los altos representantes del influyente clero, que pronto encontraron en sus obras una llamada a la secesión y un acto de sedición.

Sus obras Noli me tangere (1887) y El filibusterismo (1891) crearon una gran controversia en Filipinas y le acabaron costando el ‘exilio’, la reclusión y finalmente la condena a muerte. Estas novelas contenían una crítica de los abusos de las clases y estamentos más poderosos a la que éstos no estaban acostumbrados. Pronto lo involucraron en el movimiento independentista Katipunan porque éste hizo suyas algunas de esas denuncias, y fue inútil su defensa de la lucha pacífica y hasta un alegato final a favor de la fe católica. La sentencia ya estaba escrita y las armas del general Polavieja estaban cargadas, listas para acabar con la vida de un joven de 35 años que escribía bellos libros en español, la lengua que hoy tratan de recuperar diferentes instituciones españolas y filipinas frente al extendido uso del inglés y el tagalo. Lo sucedido con José Rizal, que guarda similitudes con otro ‘libertador’, José Martí, forma parte de los renglones torcidos que se han escrito en la Historia de España. Esta estatua no van a borrar esos errores ni va a cambiar el curso de la Historia, pero contribuyen al menos a hacer justicia con su memoria y a que algún día alguien se pregunte por qué está aquí en la entrada al puerto de Málaga el busto del autor de estos versos, escritos horas antes de morir:

Mi patria idolatrada, dolor de mis dolores,

Querida Filipinas, oye el postrer adiós.

Ahí te dejo todo, mis padres, mis amores.

Voy donde no hay esclavos, verdugos ni opresores,

Donde la fe no mata, donde el que reina es Dios.

(José Rizal, El último adiós, 1896)

Paradójicamente al otro lado del Parque de Málaga se encuentra la estatua del malagueño Antonio Cánovas del Castillo que como presidente del Consejo de Ministros en su época, fue responsable directo del fusilamiento de Rizal en 1896. El Ministro pretendía acabar con las guerras ultramarinas coloniales con mano dura.

Dos años después, junto con Cuba y todas las posesiones del Pacífico, el archipiélago pasa a manos estadounidenses y Rizal se convierte en padre de la patria, mientras que el uso de la lengua española, en la que él fue un maestro consumado, empezó a declinar. El español siempre estuvo presente en la cultura Filipina, mantuvo su estatus oficial junto con el inglés y el tagalo hasta 1973 (mantenía este estatus desde 1571). Después de 1973 se elimina el español como idioma oficial y en 1987 es también eliminado como asignatura obligatoria en la universidad.

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