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Los secretos del Palacio de Crópani

Los secretos del Palacio de Crópani

El conocido como Palacio de Crópani, un palacete que fue construido hacia 1840, se sitúa en el número 7 de la céntrica calle Álamos. En su fachada se distinguen dos cuerpos. El inferior, centrado con una sencilla portada de piedra, presenta un paramento almohadillado horadado por grandes ventanas protegidas por unas magníficas rejerías, elementos que se inspiran en el edificio de la Aduana. El cuerpo superior consta de dos plantas enmarcadas por pilastras en las esquinas, con una amplia balconada en el piso principal y rematado por un entablamento clásico. Una terraza ocupa la cubierta, dedicada en su tiempo a la celebración de fiestas, para lo que disponía de un cuerpo elevado destinado a los músicos. En el interior destaca el patio cuadrado con arcos apoyados en cuatro columnas y zócalos de azulejos trianeros de la casa Mensaque.

En el Palacio de Crópani se conserva en magnífico estado un ascensor instalado a principios del siglo XX. Si no fue el primer ascensor que hubo en Málaga, al menos es el más antiguo que hoy existe. Tan primitivo es, que en un lateral del habitáculo se pueden leer las instrucciones para el uso de tan moderno aparato.

Pero no es esta la única sorpresa que nos depara este bello palacio decimonónico, recientemente restaurado tras décadas de abandono. Según ha demostrado Joaquín Palmerola , en este edificio se instaló la primera emisora de radio que hubo en Málaga. La licencia se la concedió a Manuel Villota el 30 de marzo de 1925. Esta emisora fue EAJ-25, Radio Málaga. El palacio de crópani se preparó para albergar los primeros estudios radiofónicos que tuvo Málaga. Sin embargo, las dificultades técnicas impidieron que el proyecto se culminase y hubieron de trasladarse al Hotel Regina, en Puerta del Mar, que les cedió una de sus dependencias.

Aunque se encontraba en estado de ruina y con los forjados de todas las plantas hundidos, en 2006 este precioso palacio, en el número 7 de la calle Álamos, en el que vivieron los marqueses de Crópani, resurgió de sus cenizas gracias a una rehabilitación. El resultado fue el Museo de los Reales Oficios, un proyecto vinculado a unos talleres de bordado que además rescató los incomparables azulejos sevillanos del patio de la casa, realizados en 1929.

El museo, con un millar de bordados civiles y religiosos, abrió sus puertas en el verano de 2007 pero no cuajó y dio paso dos años más tarde a una vinoteca que quiso combinar el restaurante con el tapeo y la tienda de vinos. Tampoco esta idea llegó a buen puerto, como prueban las botellas vacías que se encontró en el interior del palacio el empresario granadino Armando Robles, mientras de las alturas del patio cuelga un tapiz con el escudo de España, recuerdo del penúltimo uso del edificio.

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