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Los baños de la Hedionda

Escondido en el paraje natural de la Sierra de la Utrera, aunque de fácil acceso, se encuentran unos baños o termas naturales que desde tiempos antiguos se viene haciendo referencia a las propiedades curativas de sus aguas que emanan en los denominados como Baños de la Hedionda.

Historia, naturaleza y salud confluyen en un mismo lugar, dentro de la localidad malagueña de Casares y declarado como Bien de Interés Cultural. Según cuenta la leyenda popular, en el siglo I a.C. y en el transcurso de las segundas guerras civiles, las tropas cesarianas, a la espera del inminente enfrentamiento que tendría lugar contra el ejército de Pompeyo, se encontraban acampadas en las proximidades de un manantial cuyas aguas eran de color turquesa y de las que se desprendían un intenso olor desagradable.

Se daba la circunstancia que muchos de los hombres que formaban parte de las facciones de César padecían, en esos momentos, graves infecciones de sarna; un malestar que, para la época, no existía cura de alivio alguna. Esta incomodidad provocaba el impedimento para combatir a un rendimiento óptimo, tal y como se esperaba de ellos.

Cuál fue la sorpresa cuando los hombres comprobaron que, tras bañarse en estas aguas cuyo olor era tan rancio como el que desprenden los ?huevos podridos?, sus picores mermaron de forma sorprendente. Habiendo comprobado el verdadero poder curativo de las aguas del río Manilva, el propio Julio César ordenó construir estas termas.

En realidad son muchas las leyendas que buscan dar explicación al origen de las propiedades especiales de estas aguas sulfurosas. Las hay de un mayor contenido fantástico, como la que relata que en el lugar habitaba un demonio. Este ser maligno, tras exhalar su último suspiro al ser expulsado por el apóstol Santiago, las dotó del peculiar olor a azufre tan característico. Pero sin duda, la que mayor calado ha tenido a lo largo de su historia es aquella que hace referencia a las segundas guerras civiles entre César y Pompeyo. Desgraciadamente, su rigor histórico habría que ponerlo, como mínimo, en tela de juicio.

Los Baños de la Hedionda se sitúan en la localidad malagueña de Casares, cuyo asentamiento en aquellos tiempos aún no existía. En su lugar se encontraba Lacipo (la íbera Aleschipe, hoy Cortijo de Alechipe), una ciudad puente entre Acinipo en el Norte y la costa mediterránea al Sur y encargada de controlar todo el comercio que se practicaba a través de su vía fluvial ya desde época de Aníbal. Era, por tanto, Lacipo una ciudad muy relacionada comercialmente con Carteia, llegando a estar muchos de sus pobladores emparentados.

Independientemente al rigor histórico de la leyenda, la gente continúa acudiendo a estos magníficos baños romanos, de uso público aún, para disfrutar de sus propiedades salutíferas y tratarse la piel. Si se acercan por allí, lo primero que les llamará la atención será el fuerte olor que desprenden sus aguas.

El origen de dicha fuente parece que fuera de época romana, como así se desprende de algunos estudios realizados sobre la captación del elemento líquido y su adaptación en la obra. Con posterioridad, ya en época musulmana, sufrirá una modificación en la estructura y sistema de canalizaciones; apariencia que ha llegado hasta nuestros días y es la que contemplaremos.

Según queda reflejado en distintos medios, las gentes del lugar ofrecen una serie de recomendaciones para aprovechar, todo lo posible, las propiedades curativas de las aguas: En primer lugar, darse un baño en el interior de la terma o en el mismo cauce del río; a continuación, aplicarse una capa de su arcilla verdosa sobre todo el cuerpo, inclusive el cabello; el siguiente paso consistirá en dejarse secar la capa de barro al sol a la espera de que ésta empiece a quebrarse; por último y para finalizar, una vez secado el barro, bañarse en el propio río.

Otro dato de interés para aquellos que tengan pensado visitarlas: sus aguas se mantienen a temperatura constante de unos 18 grados, sea invierno como en verano. Aunque lo más recomendable es la visita  en verano, sobre todo si tienen pensado cuidarse la piel con la arcilla de su manantial y buscan secar el barro al sol.

Fuente: http://legionixhispana.com/2015/02/07/banoshedionda/

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