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Las cuevas mozárabes de Churriana

Las cuevas mozárabes de Churriana

Un vecino descubrió las cavidades cuando encontró allí a dos cachorros enterrados vivos. Hoy, los canes están adoptados y el yacimiento va camino de protegerse
El mundo está lleno de bonitas casualidades, algunas tan fortuitas, pero redondas, como que el paseo con dos perros por un paraje de Churriana posibilitara que uno de los canes detectara a dos cachorros enterrados en lo que parece la ladera de una pequeña montaña, y que tras sacarles a la luz y a la vida, el lugar donde estaban enterrados fuesen cuevas mozárabes (en este caso, una iglesia y eremitorios, que los cristianos usaban durante la dominación musulmana).

Es el pequeño milagro doble, o el círculo virtuoso que consiguiera un día de Sergio Giménez –con ‘g’, que todo el mundo escribe mal su apellido– un día cualquiera del mes de abril de 2018 cuando paseaba con Tyson (un bóxer) y Ella (un border collie)por el conocido camino Tres Cuartas, que en realidad es la Gamera Baja-Tosca. Fue Tyson quien escarbó con sus patas para sacar a los dos cachorrillos, que hoy tienen hogar y que fueron enterrados vivos, y es el mismo cuadrúpedo quien le enseñó a su dueño esa curiosa cavidad excavada en arenisca, que hoy ha puesto en un brete al Ayuntamiento de Málaga, que tras sendas mociones del PSOE y Adelante Málaga y el firme compromiso de actuar del concejal de Urbanismo, Raúl López, ha posibilitado que salga adelante una moción institucional (escrita y firmada por todos los grupos municipales)para que se hagan los estudios técnicos pertinentes, que podrían llevar a proteger este espacio y que sea inscrito en la ficha del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) con la categoría de NUPAR (no urbanizable, patrimonio arqueológico). Éste sería un paso vital y entraría a priori en contradicción con la construcción de 200 viviendas del ‘Proyecto de Parcelación del SUPCH6 Atalaya.
Estudio de arqueología

Pero antes, es necesario que se realicen los estudios preceptivos, según quedó bien claro en la comisión de Urbanismo. En esta jornada, los artífices de que todo esto haya llegado al salón de plenos visitan de nuevo las cuevas y se alegran de que su arduo trabajo en pos de su conservación desde su descubrimiento, hace un año, haya surtido efecto. Los miembros de Ciriana María Cruz Torres y Sergio Giménez, así como de la Asociación Arcusves Inmaculada Viñolo, se hacen acompañar en esta jornada por un cicerone muy especial, Carlos Gozalbes Cravioto, profesor de la UMA jubilado y arqueólogo y colaborador del PGOU de Málaga para redactar las fichas relacionadas con yacimientos arqueológicos.

Este yacimiento arqueológico, por el que luchan los vecinos, podría constar de una iglesia y varios eremitorios, donde los cristianos en la época musulmana iban a rezar

En concreto, Gozalbes puntualiza en su informe, y a viva voz en esta visita, que se aprecia la existencia en una de las cuevas excavadas de una iglesia mozárabe de tres naves con varias hornacinas, «y con el frontal de pared correspondiente al altar lleno de escritura y signos de época mozárabe, aunque apenas es perceptible». Para este arqueólogo, el alineamiento de la escritura y la altura casi uniforme de las letras podría indicar que este escrito pertenece a un determinado momento, que habría que datar. Las otras cinco cuevas excavadas, a juicio de este profesor, son fundamentalmente eremitorios, lugares de rezo de la comunidad mozárabe, «y quizás reutilizadas de tumbas que tuvieran una mayor antigüedad, posiblemente en los últimos momentos de la Prehistoria».

Al lado, entusiastas los vecinos, explican, tras haberse empapado todos de este periodo, que Málaga mantuvo siempre una importante comunicad mozárabe (del siglo VII al XI), de los que, como subraya el arqueólogo son difíciles de distinguir sus restos materiales, similares a los musulmanes de su época, pero sin embargo sí que se les ubica por el aspecto arqueológico, en este caso el vaciado de la roca para realizar la cueva, «que era el preferido por estas comunidades cristianas». Ahora, los vecinos apuestan porque las cuevas se preserven, se pongan en valor y se haga un centro de interpretación en este enclave, y para ello vigilan día y noche que nadie las intente socavar. De hecho, han preservado de alguna forma las mismas con el típico plástico rojo con el que se recubre la zona peligrosa de las obras y un cartelón de la Policía Local (los que usan para que no se pueda aparcar), pero dicen que han pedido permiso.

Todo tan artesanal pero tan bienintencionado, que es imposible no emocionarse con unos vecinos que dedican generosamente su tiempo a preservar el patrimonio de todos. Lo que viene siendo para quitarse el sombrero. Chapeau!

Fuente: Pilar R.Quirós. Diario Sur

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