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La primera huelga femenina de Málaga de 1918

La primera huelga femenina de Málaga de 1918.

Hoy 9 de enero de 2019  hace 101 años de la rebelión de las faeneras por la subida del pan. Fue la primera vez que la mujer malagueña protestaba socialmente en masa.  Las faeneras eran las mujeres que clasificaban los frutos secos que se exportaban desde el puerto de Málaga al norte de Europa o los EEUU, y fueron las que iniciaron este movimiento, pero también participaron costureras, obreras textiles, lavanderas, planchadoras o dependientas.

Hubo otras rebeliones de mujeres, pero ésta fue peculiar porque empezó siendo espontánea, a través de las redes informales que había entonces, cuando las mujeres hablaban en los corralones, en los patios de vecinos o en el trabajo. El 9 de enero de 1918 las mujeres se lanzaron espontáneamente a las calles de Málaga en protesta por la carestía de alimentos básicos, con la subida del precio del pan como detonante.  En la manifestación gritaban consignas como “Queremos el pan a cuatro gordas” o, dirigiéndose a los hombres que las observaban, “Nosotras somos las que tenemos que arreglar esto”.

Ese movimiento fue inicialmente acogido “con cierta condescendencia” por las autoridades, pero esta actitud cambió cuando se repitió la manifestación el 14 de enero, en la que “hubo una represión muy fuerte, con cuatro fallecidos (dos hombres y dos mujeres) que hubo que enterrar de madrugada por temor a nuevos incidentes y se organizó una huelga general que se alargó cinco días”.

Málaga se puso en el punto de mira de toda España, con constantes referencias a lo que pasaba en la ciudad en la prensa nacional. Todo se extendió como un reguero de pólvora en toda España. Las noticias de provincias, destacaban en negrita todos los sucesos. La ciudad estaba en boca de todos. Pero estos sacrificios no fueron en vano, ellas lograron su objetivo, bajó el precio del pan y también de otros alimentos como las patata y las almendras.  Y consiguieron  la petición de que fuera destituido el gobernador civil como responsable de la masacre, que se logró cuatro o cinco meses después.

Pero lo más importante  se consiguió unos meses más tarde con la creación de los primeros sindicatos femeninos dentro de la UGT y la CNT, en los que las mujeres pedían lo que ahora se llama la conciliación: guarderías, cantinas en escuelas y fábricas para que comieran sus hijos o un seguro de maternidad que no se lograría hasta la segunda República. Por ello, este movimiento que fue liderado por siete u ocho mujeres  supuso un salto hacia una conciencia femenina, primero, y en un segundo momento hacia una conciencia de clase. Tras la gran manifestación en la que se superó el millar de mujeres, se organizó un gran mitin y ése fue el momento en el que las autoridades cambiaron su posición hacia un movimiento que hasta ese momento habían visto con simpatía. La prensa empezó a insertar anuncios alertando de que el Gobierno Civil había decidido enarenar las calles, algo que suponía un aviso, porque eso se hacía para que la Guardia a caballo pudiera hacer su trabajo.

¿Cómo se llegó a esta situación insostenible que hizo que las mujeres se pusieran en pie de guerra?

Debido a la crisis de la industria malagueña, tan floreciente en el siglo XIX, que a tanta burguesía atrajo, que hizo de Málaga la segunda ciudad del país; y a la puntilla que supuso la plaga de filoxera. El estallido de la I Guerra Mundial supone un rayo de esperanza para la metalurgia, dedicada al armamento. Pero dura poco. Todos los productos de calidad que se producían en Málaga se dedicaban a la exportación. Y lo que se consumía en Málaga era malo, caro y de contrabando, procedente del estraperlo y, por tanto, era más costoso y había que afrontar el sobrecosto del transporte. La gota que colmó el vaso fue la disparatada subida del precio del pan. La sociedad malagueña vivía un tiempo de gran convulsión. La gran mayoría de la población era, además analfabeta. La burguesía ponía y quitaba a los alcaldes según sus intereses. Hasta tres en tres meses. El gobernador militar también se caracterizaba por querer resolver los problemas  a la fuerza. Rodríguez de Rivas, se llamaba, que prácticamente se rio de las mujeres que fueron a visitarle durante la manifestación del 9 de enero de 1918 para exigirle que bajara el precio del pan.

Las faeneras (la mayoría trabajaba en la vendeja), agitadas por varias activistas como Concepción Moya, de El Perchel, también fueron a ver al alcalde Salvador González Anaya. En el momento en que éste se comprometió a atender sus reivindicaciones, a reunirse con agricultores, con quienes almacenaban el trigo y con los harineros, fue destituido de su cargo y sustituido por Mauricio Barranco. Era el cuarto en muy poco tiempo. Las mujeres dieron 48 horas para que bajara el pan. No lo consiguieron. A la primera manifestación le siguió otra, el día 14. Aquí también participaron los hombres.

El 9 de enero de 2018 se inauguró una placa conmemorativa en la plaza Poeta Alfonso Canales como homenaje y recordatorio para que la ciudadanía nunca olvide el coraje y dignidad de estas mujeres. Este homenaje se celebró por iniciativa de las asociaciones del Consejo de las mujeres de Málaga, que propusieron en la sesión que se celebró en marzo de 2016 que se reconociera la protesta protagonizada por las faeneras, que se organizaron libremente y actuaron en favor de los derechos fundamentales del ser humano. Los actos de homenaje continuarán el  próximo 12 de enero con una marcha de recuerdo en Málaga a las faeneras, en la que se anima a las asistentes a acudir vestidas como estas mujeres pioneras, con falda larga, delantal, toquilla y cesto.

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