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La mezquita funeraria mejor conservada de España

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Dos mezquitas funerarias en la calle Agua número 22, únicas en España.

Málaga recupera el cementerio de Yabal Faruh, una mezquita funeraria islámica

A finales de los años 80, en lo que iba a convertirse en el aparcamiento de un bloque de pisos se desenterró un gran tesoro arqueológico. El sótano del número 22 de la calle Agua, en calle Victoria de Málaga, escondía las dos únicas mezquitas funerarias conocidas hasta el momento de la España islámica y parte de un mausoleo, oratorios funerarios que pertenecen a la necrópolis islámica de Yabal Faruh, la más grande descubierta de Al-Andalus.

En la época del Califato Omeya (siglos VIII-XI), la primera necrópolis islámica malagueña situada junto al mar perdió su uso, ya que el puerto de Málaga recuperó su importancia comercial. Fue entonces cuando la gran superficie funeraria se trasladó desde la falda norte de Gibralfaro hasta las inmediaciones de El Ejido, ocupando una gran extensión. Las excavaciones arqueológicas de los últimos años han permitido ampliar los límites de este cementerio que tuvo su uso entre los siglos XI al XV y que está considerado como el más grande tanto por espacio como por densidad de enterramientos de Al-Andalus.

Estas tumbas monumentales descubiertas en calla Agua fueron realizadas con sillares de arenisca, azogue y tizón. Del panteón se distinguen cuidadas decoraciones en yeso propias de la religión musulmana, como estrellas de ocho puntas o el árbol de la vida. “Después, en el XIII desaparecieron y fueron utilizadas para otros decesos, registrándose hasta cinco niveles funerarios distintos”, apunta el arqueólogo Manuel Corrales.

El buen estado de conservación del descubrimiento, que a su vez aporta datos muy relevantes sobre los enterramientos islámicos, hizo que la Comisión Provincial de Patrimonio de la Junta de Andalucía decidiera su integración en una promoción de viviendas que se levantó en ese solar. Para ello, se creó expresamente una habitación en el mismo punto en el que se localizó el yacimiento, que ha sido acondicionado por el arquitecto Ciro de la Torre.

“Las dos mezquitas y el panteón funerario son excepcionales por su valía y su singularidad. Fueron construidas aproximadamente entre el siglo XII y principios del siglo XIII, aunque siguieron utilizándose como lugar de enterramiento hasta la época nazarí. Son edificaciones de una sola nave, de planta cuadrangular y mihrab (nicho curvo) en el muro de la quibla (el que marca la dirección a la Meca). Carecen de techo de acuerdo con la doctrina musulmana de no edificar sobre las tumbas”, explica Corrales.

Este centro de interpretación de la necrópolis de Yabal Faruh -de unos 500 metros cuadrados, 200 de los cuales corresponde a un circuito de visita-, que abrirá sus puertas a comienzos del próximo año, permitirá conocer cómo era esta necrópolis en la época islámica gracias a la realidad aumentada. La empresa tecnológica malagueña Arpa Solutions se ha encargado de desarrollar este proyecto que devolverá a la vida los edificios funerarios encontrados en calle Agua. Sobre las imágenes de los restos existentes se volverán a levantar el mihrab, los muros, enterramientos y las imágenes de los zócalos tal y como estaban entre los siglos XII y XIV. Así, el yacimiento arqueológico se verá recreado en su mismo espacio gracias a una tecnología que combina el mundo real con el virtual. Un tablet-PC y una cámara conectada a un software permitirán a los visitantes contemplar la reconstrucción real de este enterramiento, que cuenta con un programa divulgativo elaborado por el profesor Manuel Acién, especialista en el Islam de la Universidad de Málaga.
Las estructuras aparecidas son “exclusivas, porque no se han encontrado otras iguales en al-Ándalus”, dicen los expertos. Estas mezquitas funerarias estuvieron en uso desde el siglo XII al XIV y “es la decoración la que demuestra sus tipos de uso”. Estrellas de ocho puntas, octógonos y el árbol de la vida se pueden ver en los muros de estos edificios sin cubierta. “Tenían paredes de un metro y medio de altura aproximadamente con su Mihrab en el muro de la Quibla, orientado al este”, comenta Luis Efrén. La primera hipótesis que se barajó, según apuntan los arqueólogos, es que eran lugares para enterrar a un santón, Ibn al-Qatar, eremita que habitó en la falda de Gibralfaro, pero no se hallaron evidencias que mantuvieran esta teoría. Eso sí, algunos de los restos humanos que se encontraron se conservan in situ, bajo la grava protectora.

También se encontraron otro tipo de piezas que se expondrán en vitrinas para completar, junto con paneles, dibujos y un audiovisual, el recorrido por el espacio arqueológico. “Sobre todo se encontraron macabrilla, piedras que se colocaban en la cabecera de los muertos, estelas de orejeras, otro tipo de ornamento, jarras y candiles”, comenta Manuel Corrales y añade que también se encontraron restos de madera y clavos de los ataúdes. No se hallaron ajuares, porque los prohibía el Corán y los cuerpos, siempre que el espacio lo permitiese, tenían que reposar bajo un metro de tierra. Con una simple mortaja y colocados de cúbito lateral derecho con la cara mirando al este enterraban a sus difuntos en estos rawda funeraria, una especie de jardines y parques que invitaban al paseo y la contemplación.

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