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La apasionante historia del fundador de Villanueva de Tapia

Tras la conquista cristiana, las tierras que hoy forman el municipio de Villanueva de Tapia fueron objeto de pleitos entre Iznájar (Córdoba) y Archidona, ya que ambos pretendían que estas tierras quedaran incluidas en sus respectivos dominios. De aquí le ha venido a este municipio el sobrenombre de «El Entredicho» con el que también se le conoce. De hecho así se nombra a este lugar en documentos del siglo XVI que se encuentran en el Archivo Municipal de Iznájar.

Para zanjar la disputa, a comienzos del siglo XVII, los consejeros de la Real Hacienda, decidieron que el polémico término de «El Entredicho» pasase a formar parte del Patrimonio Real, lo que ocurrió el 20 de junio de 1602. Pero más adelante, Felipe III, considerando que las nuevas tierras de la Corona no eran demasiado rentables para su patrimonio, decidió venderlas a un miembro del Supremo Consejo de Castilla, llamado Pedro de Tapia. A partir de este momento comienza a formarse el núcleo urbano, bajo el mecenazgo de los Condes de Tapia, con el nombre que hoy se le conoce. No obstante, algunos denominan al pueblo Villanueva del Rosal ya que, a finales del XVIII, un descendiente de Don Pedro consideró que el pueblo estaba asociado al apellido de su propietario y, por algún tiempo, impuso el suyo propio: Del Rosal.

¿Pero quién fue Pedro De Tapia?

Pedro de Tapia y Rivera nació durante la segunda mitad de siglo XVI en el pueblo abulense de Madrigal de las Altas Torres (Ávila). Conocido por sus estrechas relaciones con la corona, su posición de licenciado y alto funcionario y por ser el superintendente de una de las obras civiles más importantes del Madrid del siglo XVII: el derribo de la Plaza Vieja y construcción de la actual Plaza Mayor. El pueblo malagueño fue un pequeño capricho al sur de España que el trabajador del Estado le compró a Felipe III por doce mil ducados para convertirse así en señor de una villa, uno de los mayores rangos nobiliarios de la época.

Pedro de Tapia llegó a ser una pieza clave en el Madrid de los Austrias y todo empezó por una prolífica carrera como jurista en la que recorrió media España. Estudia Leyes en Valladolid y desde entonces fue ascendiendo de forma espectacular. De Tapia comienza siendo oidor de las chancillerías –antiguos tribunales de justicia– de Madrid y luego Valladolid y Granada. En su periodo en Andalucía conoce a la que fue su mujer, doña Clara del Rosal. Se convierte en alcaide del Castillo de Loja, llega a tener un puesto importante, pero él quería ser no sólo un hidalgo, quería llegar a ser un señor de vasallos, llegar al señorío. Para ello debe poseer una tierra, y es entonces cuando se da cuenta de que hay una villa en disputa, entre la casa de Iznájar y la casa de Osuna en Archidona en la zona conocida como Entredicho y como carecía de un municipio titular, es por eso, por lo que Pedro De Tapia se lo notifica a Felipe III, de quien era consejero real, y consigue hacerse primero con los terrenos y luego con la jurisprudencia por un precio acomodado, gracias a su estrecha relación con el monarca. En 1605, el licenciado era señor de los terrenos, impartía justicia y cobraba los impuestos de toda la producción agrónoma del terreno.

Y es que Villanueva de Tapia siempre ha estado acechada por sus vecinos de Granada y Córdoba, provincias fronterizas con las poco más de 2.100 hectáreas que tiene el término municipal. Esta posición, como hemos visto, les ha procurado conflicto que han ido resolviendo hasta confirmar su autonomía con la propiedad de sus tierras dedicadas básicamente al olivar.

Mecenazgo

La mayoría de los escritores del Siglo de Oro buscan el favor de los altos cargos reales, y Pedro de Tapia fue uno de ellos. El mayor ejemplo de esta relación está en la única obra de poesía de Cervantes, que dedicó al hijo del funcionario, Rodrigo de Tapia, en busca del favor de su padre. De Tapia tuvo relación con Lope de Vega, que hace referencia al señor en varias obras, al igual que estuvo en el punto de mira de Juan de Tassis, Conde de Villamediana. El crítico, que fue «la piedra en el zapato de la monarquía», ataca a Pedro de Tapia en un poema satírico por su posición privilegiada.

De Tapia nunca llegó a vivir en su villa, aunque se le atribuyen algunas visitas de cortesía.

En la Plaza Mayor de Madrid hay una placa en honor a la figura de Pedro de Tapia.

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