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El mejor lugar del mundo según Ernest Hemingway

 

 

Ernest-Hemingway

Ernest Hemingway con su bañador cerca de la piscina en La Cónsula . ” Hemingway Colección Ernest / John F. Kennedy Presidential Library, Boston.”

Consula

En 1.856 se termina de construir una de las mansiones más características de la arquitectura señorial del pasado siglo: “La Cónsula” en lo que en aquel entonces eran unos campos en las afueras de Churriana (Málaga-España). El Cónsul de Prusia D. Juan Roz completó la espléndida obra con la creación de unos jardines para los que mandó traer desde los más lejanos rincones del mundo toda clase de plantas exóticas, entre las que se encuentran ejemplares únicos en estas latitudes como la Romneya coulteri Harv. o Amapola de California, de la familia de las Papaveraceae única en Europa, así como otros que si bien no son exclusivos de estos jardines, destacan particularmente por sus características propias como la palmera Cycas revoluta Thunb de la familia de las Cycadaceae, originaria de China y Japón y que es considerada la más alta de España y posiblemente de Europa; puede encontrarse también en estos parajes un ejemplar de Platanero Oriental catalogado como el tercero más alto de Europa. Durante la década de los cincuenta y parte de los sesenta, los propietarios de La Cónsula fueron el matrimonio DAVIS, de California, Bill y Annie Davis eran grandes amigos del escritor norteamericano y Premio Nobel, Ernest Hemingway. También se encontraba entre sus amigos españoles el torero rondeño Antonio Ordoñez. Durante el verano de 1959 Ernest Hemingway debía escribir una serie de artículos para la revista norteamericana “Life” sobre los toros y sobre la rivalidad entre los dos grandes del toreo de aquellos años: Antonio Ordoñez y Luis Miguel Dominguín. La serie de artículos se convierte en el último libro que escribiera Hemingway “El verano peligroso”. Así describe el gran escritor americano su llegada a La Cónsula:
” Tras desembarcar en Algeciras nos dirigimos a casa de la familia Davis, Bill, Annie y sus dos pequeños, en una villa llamada “La Cónsula” situada en las montañas que rodean a Málaga. Había una verja ante la que montaba guardia un hombre cuando no estaba cerrada. Luego venía un largo camino de grava rodeado de cipreses. Tenía un jardín tan precioso como el Botánico de Madrid. La casa era enorme, magnífica y fresca, de habitaciones espaciosas y alfombras de esparto en cada una de ellas y en los corredores; en todas partes se encontraban muchos libros, viejos mapas y buenos cuadros adornando las paredes. Disponían de chimeneas para cuando hiciera frío. Había una piscina que llenaban con agua proveniente de un manantial de la montaña y no tenían teléfono. Se podía ir descalzo pero en mayo hacía frío y los mocasines resultaban más apropiados para las escaleras de mármol. Comíamos estupendamente y bebíamos bien. Nos dejábamos en paz unos a otros y, cuando al levantarme por la mañana salía al balcón que recorría toda la fachada del segundo piso y miraba por encima de los pinos del jardín hacía las montañas y el mar al tiempo que se oía silbar al viento entre los árboles, entonces comprendía que nunca había estado en un sitio más hermoso. Era ideal para trabajar y comencé a escribir enseguida.”

La feliz iniciativa de la Consejería de Trabajo de la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Málaga de crear una flamante Escuela de Hostelería en este privilegiado rincón, abre para “La Cónsula” un nuevo capítulo en su ya larga historia, en la que nos encontramos nombres como Ernest Hemingway o Gerald Brenan. Hoy en día, el turismo se ha convertido en la principal actividad económica de Andalucía y no se concibe un turismo con potencial de futuro y consolidado al mismo tiempo, como creador de riqueza y puestos de trabajo, sin una excelente gastronomía. Y esta es la noble misión que los profesores y profesionales que forman el equipo humano de La Cónsula tienen ante sí: formar unas nuevas generaciones de profesionales de la hostelería, de futuros maestros y maestras en el arte del buen servir y el buen cocinar. En su corta existencia, el prestigio y la buena fama del Restaurante de la Escuela de Hostelería de Málaga, ha traspasado incluso nuestras fronteras, ya que el más selecto servicio y una gastronomía egregia lo han hecho posible.

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