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Capilla del colegio de San Manuel

En 1859 Trinidad Grund fundó un asilo y una escuela de párvulos bajo la titularidad de San Manuel. Encomendándoselo a las hijas de la Caridad, que aun hoy se encargan de este centro dedicado a la enseñanza.

Para la fundación se utilizó un solar ubicado en la barriada de El Bulto, cedido inicialmente por la familia Heredia y posteriormente, por traspaso de propiedades, por la familia Larios. Se construyó el asilo y una capilla adosada a él, dedicada a la Virgen Milagrosa, obra que Fernando Guerrero Strachan concluyó en 1922. Capilla y asilo tuvieron que ser reconstruidos en 1936, ampliándose posteriormente para la ubicación del colegio que mantendría el nombre de San Manuel.

El edificio es funcional, únicamente destaca la fachada del templo por su diseño historicista. Se divide en tres calles, la central más ancha con la portada, donde se recurre a elementos góticos como el arco ojival, molduras de arquillos ciegos polilobulados, un rosetón y el perfil del hastial decorado con crestería. Las estrechas calles laterales completan la evocación gótica con el uso de pináculos y vanos alancetados. Rompen con el diseño neogótico dos elementos que evocan el mudéjar y que son los protagonistas: el tejaroz que protege la portada y las espadañas laterales, donde se recurre al uso de teja y volado alero sobre zapatas. En las espadañas, el vano se abre con forma de arco de herradura apuntado, decorando sus enjutas con azulejo.

Al templo se puede acceder desde la calle por la fachada principal y desde el patio del colegio por el lateral del evangelio, donde sobresale el cuerpo de la nave reforzado con contrafuertes, en el que se abren vanos ojivales muy apuntados.

En el más sencillo neogótico se plantea su interior, repitiendo el esquema de otras capillas como la del colegio la Goleta o el de Adoratrices. Las bóvedas de crucería y los haces de columnas de capiteles historiados definen el estilo junto a las vidrieras ojivales. La cabecera, de planta poligonal y delimitada por un somero arco triunfal que descansa sobre pilares, se cubre con media bóveda estrellada de abultados plementos. A los pies se eleva el coro sobre un artesonado y protegido por un pretil calado de obra, iluminado por el rosetón  que recuerda, a través del símbolo del pelícano , la crucifixión y el sacrificio de Cristo. El resto de las vidrieras se decoran con motivos que producen un efecto caleidoscópico, excepto las de la cabecera, en las que se relatan momentos vividos por la comunidad, sin faltar sus fundadores, san Vicente de Paúl y Luisa de Marillac.

Fuente: Mónica López Soler, Iglesias de Málaga.

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